segundo aniversario de aquel escalofrío



Fue al mediodía del 1 de junio de 2019. Como una pólvora de pólvora negra, la noticia se difundió vía telefónica o digitalmente por toda la geografía sevillana, primero andaluza, española y después mundial. José Antonio Reyes acababa de perder la vida de una manera trágica, en un horrible accidente de tráfico en el que también falleció uno de los dos primos que regresaban con él de Almendralejo en su Mercedes, Jonathan Reyes Reyes. Juan Manuel Calderón sobrevivió y él puede decirlo, aunque la cicatriz en su alma será difícil de cerrar por completo. El recuerdo del escalofrío de la noticia queda imborrable en todos los que conocieron al genio de Utrera, fallecido a los 35 años.

El sevillismo recuerda un día como hoy uno de sus futbolistas más simbólicos, carismáticos, grandes y queridos. La cantera con más talento que jamás dejó la carretera de Utrera, la misma carretera donde perdió la vida por el exceso de velocidad con la que siempre vivió todo: la velocidad de su genio andaluz, la rapidez de su cuerpo ligero, la rapidez de su mente, para la broma y para ver el espacio entre el bosque de piernas.



Reyes salió de Sevilla, paradojas de la vida, también el 1 de junio de 2016. Hoy se cumplen cinco años de esa despedida entre lágrimas, más madura y sentida, menos infantil y desconsolada que las de Enero de 2004, cuando tuvo que hacer las maletas para ir a Londres y arreglar las arcas del Nervión, rumbo al Arsenal. «Me voy de nuevo llorando y quiero que me recuerdes como alguien que luchó hasta el final por nuestro escudo. A lo largo de mi vida este ha sido mi equipo y te llevaré a donde vaya en mi corazón», escribió cinco años. Hace tres, antes de eso, fueron los demás quienes derramaron miles de lágrimas por él en esa misma fecha marcada en su biografía cinematográfica.

Pero antes de perder la vida, tras volver muy temprano de los entrenamientos extremeños, ya que no pudo jugar ese día, Reyes se entretuvo en ganar multitud de títulos, en la misma medida que allí se ganó la simpatía donde repartió su sonrisa traviesa y sus ojos vivos y traviesos. Una Premier, una FA Cup y una Community Shild con el Arsenal, una Liga con el Madrid, una Liga con el Benfica, dos Europa Leagues y una Supercopa con el Atlético y las tres Europa Leagues con el Sevilla. Esa es la medalla de plata. En oro, en platino, la leyenda de su gran fútbol siempre sobrevivirá a su trágico destino y a ese álbum de trofeos envidiable.

La mejor prueba de ello fue cómo se puso patas arriba el mundo del fútbol y cómo se vivieron sus funerales. Lo mejor del fútbol español pasó por Ramón Sánchez-Pizjuán. Rakitic antes de volver a ser jugador del Sevilla; Vitolo tras su polémica marcha a una Atlético que envió su más sentido pésame; Emery entonces en el Arsenal, club que también envió todo su pésame, como el Benfica, presente en su funeral, o el Real Madrid de Florentino y Sergio Ramos … Betis, por supuesto, representado al más alto nivel, Ángel Haro, Lorenzo Serra, Gordillo, Joaquín y Juanito. Y el Córdoba, otro ex equipo en el que dejó una huella muy profunda a pesar de su escasa estancia. Y tambien el Extremadura con todo su personal y Diego Capel, que compartió su camerino por última vez, de una forma especialmente dolorosa: fueron sus últimos amigos en el terreno de juego.

Era un futbolista universal y universal, era el dolor que sentía la comunidad futbolística y que, de alguna manera, intentaba consolar y secar las lágrimas de los jugadores del Sevilla que vieron crecer a Reyes y que fueron los principales protagonistas de ese profundo duelo. : Joaquín Caparrós, Pablo Blanco, Manolo Jiménez, José María del Nido, Antoñito, Monchi, Jesús Navas … el utrerano José Castro.

Pero no hubo consuelo posible. Solo el recuerdo de su sonrisa, de su mirada inquieta, de su exquisita pierna zurda (242 partidos con el Sevilla, 37 goles, 37 asistencias), alivió entonces el dolor como lo seguirá aliviando en el recuerdo, el del futbolista más talentoso que salió de la fértil cantera de Sevilla, el de ese genio tan rápido en sus piernas y en su mente.





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